sábado, 31 de marzo de 2012

EL ARTE DE LA GUERRA (2DA PARTE)

 A P I T U L O VII 
Sobre el enfrentamiento directo e indirecto 

La regla ordinaria para el uso del ejército es que el mando del ejército reciba órdenes de 
las autoridades civiles y después reúne y concentra a las tropas, acuartelándolas juntas. 
Nada es más difícil que la lucha armada. 
Luchar con otros cara a cara para conseguir ventajas es lo más arduo del mundo. 
La dificultad de la lucha armada es hacer cercanas las distancias largas y convertir 
los problemas en ventajas

Mientras que das la apariencia de estar muy lejos, empiezas tu  y llegas antes que 
el enemigo. 
Por lo tanto, haces que su ruta sea larga, atrayéndole con la esperanza de ganar. Cuando 
emprendes la marcha después que los otros y llegas antes que ellos, conoces la estrategia 
de hacer que las distancias sean cercanas. 
Sírvete de una unidad especial para engañar al enemigo atrayéndole a una falsa 
persecución, haciéndole creer que el grueso de tus fuerzas está muy lejos; entonces, 
lanzas una fuerza de ataque sorpresa que llega antes, aunque emprendió el camino 
después. 
Por consiguiente, la lucha armada puede ser provechosa y puede ser peligrosa. 
Para el experto es provechosa, para el inexperto peligrosa. 
Movilizar a todo el ejército para el combate en aras de obtener alguna ventaja tomaría 
mucho tiempo, pero combatir por una ventaja con un ejército incompleto tendría como 
resultado una falta de recursos. 
Si te movilizas rápidamente y sin parar día y noche, recorriendo el doble de la distancia 
habitual, y si luchas por obtener alguna ventaja a miles de kilómetros, tus jefes militares 
serán hechos prisioneros. Los soldados que sean fuertes llegarán allí primero, los más 
cansados llegarán después - como regla general, sólo lo conseguirá  de cada diez. 
Cuando la ruta es larga las tropas se cansan; si han gastado su fuerza en la movilización, 
llegan agotadas mientras que sus adversarios están frescos; así pues, es seguro que serán 
atacadas. 
Combatir por una ventaja a cincuenta kilómetros de distancia frustrará los planes del 
mando, y, como regla general, sólo la mitad de los soldados lo harán. 
Si se combate por obtener una ventaja a treinta kilómetros de distancia, sólo dos de cada 
tres soldados los recorrerán. 
Así pues, un ejército perece si no está equipado, si no tiene provisiones o si no tiene 
dinero

Estas tres cosas son necesarias: no puedes combatir para ganar con un ejército no 
equipado, o sin provisiones, lo que el dinero facilita. 
Por tanto, si ignoras los planes de tus rivales, no puedes hacer alianzas precisas. 
A menos que conozcas las montañas y los bosques, los desfiladeros y los pasos, y la 
condición de los pantanos, no puedes maniobrar con una fuerza armada. A menos que 
utilices guías , no puedes aprovecharte de las ventajas del terreno. 
Sólo cuando conoces cada detalle de la condición del terreno puedes maniobrar y 
guerrear. 
Por consiguiente, una fuerza militar se usa según la estrategia prevista, se moviliza 
mediante la esperanza de recompensa, y se adapta mediante la división y la combinación. 
Una fuerza militar se establece mediante la estrategia en el sentido de que distraes al 
enemigo para que no pueda conocer cuál es tu situación real y no pueda imponer su 
supremacía. Se moviliza mediante la esperanza de recompensa, en el sentido de que entra 
en  cuando ve la posibilidad de obtener una ventaja. Dividir y volver a hacer 
combinaciones de tropas se hace para confundir al adversario y observar cómo reacciona 
frente a ti; de esta manera puedes adaptarte para obtener la victoria. 
Por eso, cuando una fuerza militar se mueve con rapidez es como el viento; cuando va 
lentamente es como el bosque; es voraz como el fuego e inmóvil como las montañas. 
Es rápida como el viento en el sentido que llega sin avisar y desaparece como el 
relámpago. Es como un bosque porque tiene un orden. Es voraz como el fuego que 
devasta una planicie sin dejar tras sí ni una brizna de hierba. Es inmóvil como una 
montaña cuando se acuartela. 
Es tan difícil de conocer como la oscuridad; su movimiento es como un trueno que 
retumba. 
Para ocupar un lugar, divide a tus tropas. Para expandir tu territorio, divide los beneficios. 
La regla general de las operaciones militares es desproveer de alimentos al enemigo todo 
lo que se pueda. Sin embargo, en localidades donde la gente no tiene mucho, es necesario 
dividir a las tropas en grupos más pequeños para que puedan tomar en diversas partes lo 
que necesitan, ya que sólo así tendrán suficiente. 
En cuanto a dividir el , significa que es necesario repartirlo entre las tropas para 
guardar lo que ha sido ganado, no dejando que el enemigo lo recupere. 
Actúa después de haber hecho una estimación. Gana el que conoce primero la medida de 
lo que está lejos y lo que está cerca: ésta es la regla general de la lucha armada. 
El primero que hace el movimiento es el "invitado", el último es el "anfitrión". El 
"invitado" lo tiene difícil, el "anfitrión lo tiene fácil". Cerca y lejos significan 
desplazamiento: el cansancio, el hambre y el frío surgen del desplazamiento. 
Un antiguo libro que trata de asuntos militares dice: "Las palabras no son escuchadas, par 
eso se hacen los símbolos y los tambores. Las banderas y los estandartes se hacen a causa 
de la ausencia de visibilidad." Símbolos, tambores, banderas y estandartes se utilizan para 
concentrar y unificar los oídos y los ojos de los soldados. Una vez que están unificados, 
el valiente no puede actuar solo, ni el tímido puede retirarse solo: ésta es la regla general 
del empleo de un grupo. 
Unificar los oídos y los ojos de los soldados significa hacer que miren y escuchen al 
unísono de manera que no caigan en la confusión y el desorden. La señales se utilizan 
para indicar direcciones e impedir que los individuos vayan a donde se les antoje. 
Así pues, en batallas nocturnas, utiliza fuegos y tambores, y en batallas diurnas sírvete de 
banderas y estandartes, para manipular los oídos y los ojos de los soldados. 
Utiliza muchas señales para confundir las percepciones del enemigo y hacerle temer tu 
temible poder militar. 
De esta forma, haces desaparecer la energía de sus ejércitos y desmoralizas a sus 
generales. 
En primer lugar, has de ser capaz de mantenerte firme en tu propio corazón; sólo 
entonces puedes desmoralizar a los generales enemigos. Por esto, la tradición afirma que 
los habitantes de otros tiempos tenían la firmeza para desmoralizar, y la antigua ley de los 
que conducían carros de combate decía que cuando la mente original es firme, la energía 
fresca es victoriosa. 
De este modo, la energía de la mañana está llena de ardor, la del mediodía decae y la 
energía de la noche se retira; en consecuencia, los expertos en el manejo de las armas 
prefieren la energía entusiasta, atacan la decadente y la que se bate en retirada. Son ellos 
los que dominan la energía. 
Cualquier débil en el mundo se dispone a combatir en un minuto si se siente animado, 
pero cuando se trata realmente de tomar las armas y de entrar en batalla, es poseído por la 
energía; cuando esta energía se desvanece, se detendrá, estará asustado y se arrepentirá de 
haber comenzado. La razón por la que esa clase de ejércitos miran por encima del 
hombro a enemigos fuertes, lo mismo que miran a las doncellas vírgenes, es porque se 
están aprovechando de su agresividad, estimulada por cualquier causa. 
Utilizar el orden para enfrentarse al desorden, utilizar la calma para enfrentarse con los 
que se agitan, esto es dominar el corazón. 
A menos que tu corazón esté totalmente abierto y tu mente en orden, no puedes esperar 
ser capaz de adaptarte a responder sin límites, a manejar los acontecimientos de manera 
infalible, a enfrentarte a dificultades graves e inesperadas sin turbarte, dirigiendo cada 
cosa sin confusión. 
Dominar la fuerza es esperar a los que vienen de lejos, aguardar con toda comodidad a 
los que se han fatigado, y con el estómago saciado a los hambrientos. 
Esto es lo que se quiere decir cuando se habla de atraer a otros hacia donde estás, al 
tiempo que evitas ser inducido a ir hacia donde están ellos. 
Evitar la confrontación contra formaciones de combate bien ordenadas y no atacar 
grandes batallones constituye el dominio de la adaptación. 
Por tanto, la regla general de las operaciones militares es no enfrentarse a una gran 
montaña ni oponerse al enemigo de espaldas a ésta. 
Esto significa que si los adversarios están en un terreno elevado, no debes atacarles 
cuesta arriba, y que cuando efectúan una carga cuesta abajo, no debes hacerles frente. 
No persigas a los enemigos cuando finjan una retirada, ni ataques tropas expertas
Si los adversarios huyen de repente antes de agotar su energía, seguramente hay 
emboscadas esperándote para atacar a tus tropas; en este caso, debes retener a tus 
oficiales para que no se lancen en su persecución. 
No consumas la comida de sus soldados. 
Si el enemigo abandona de repente sus provisiones, éstas han de ser probadas antes de ser 
comidas, por si están envenenadas. 
No detengas a ningún ejército que esté en camino a su país. 
Bajo estas circunstancias, un adversario luchará hasta la muerte. Hay que dejarle una 
salida a un ejército rodeado. 
Muéstrales una manera de salvar la vida para que no estén dispuestos a luchar hasta la 
muerte, y así podrás aprovecharte para atacarles. 
No presiones a un enemigo desesperado
Un animal agotado seguirá luchando, pues esa es la ley de la naturaleza. 
Estas son las leyes de las operaciones militares. 
 
C A P I T U L O VIII 

Sobre los nueve cambios 

Por lo general, las operaciones militares están bajo el del gobernante civil para dirigir al 
ejército. 
El General no debe levantar su campamento en un terreno difícil. Deja que se establezcan 
relaciones diplomáticas en las fronteras. No permanezcas en un territorio árido ni aislado. 
Cuando te halles en un terreno cerrado, prepara alguna estrategia y muévete. Cuando te 
halles en un terreno mortal, lucha. 
Terreno cerrado significa que existen lugares escarpados que te rodean por todas partes, 
de manera que el enemigo tiene movilidad, que puede llegar e irse con libertad, pero a ti 
te es difícil salir y volver. 
Cada ruta debe ser estudiada para que sea la mejor. Hay rutas que no debes usar, ejércitos 
que no han de ser atacados, ciudades que no deben ser rodeadas, terrenos sobre los que no 
se debe combatir, y órdenes de gobernantes civiles que no deben ser obedecidas. 
En consecuencia, los generales que conocen las variables posibles para aprovecharse 
del terreno sabe cómo manejar las fuerzas armadas
. Si los generales no saben cómo 
adaptarse de manera ventajosa, aunque conozcan la condición del terreno, no pueden 
aprovecharse de él. 
Si están al mando de ejércitos, pero ignoran las artes de la total adaptabilidad, aunque 
conozcan el objetivo a lograr, no pueden hacer que los soldados luchen por él. 
Si eres capaz de ajustar la campaña cambiar conforme al ímpetu de las fuerzas, entonces 
la ventaja no cambia, y los únicos que son perjudicados son los enemigos. Por esta razón, 
no existe una estructura permanente. Si puedes comprender totalmente este principio, 
puedes hacer que los soldados actúen en la mejor forma posible. 
Por lo tanto, las consideraciones de la persona inteligente siempre incluyen el analizar 
objetivamente el beneficio y el daño. Cuando considera el beneficio, su acción se 
expande; cuando considera el daño, sus problemas pueden resolverse. 
El beneficio y el daño son interdependientes, y los sabios los tienen en cuenta. 
Por ello, lo que retiene a los adversarios es el daño, lo que les mantiene ocupados es la 
acción, y lo que les motiva es el beneficio. 
Cansa a los enemigos manteniéndolos ocupados y no dejándoles respirar. Pero antes 
de lograrlo, tienes que realizar previamente tu propia labor. Esa labor consiste en 
desarrollar un ejército fuerte, un pueblo próspero, una sociedad armoniosa y una manera 
ordenada de vivir. 
Así pues, la norma general de las operaciones militares consiste en no contar con que el 
enemigo no acuda, sino confiar en tener los medios de enfrentarte a él; no contar con que 
el adversario no ataque, sino confiar en poseer lo que no puede ser atacado. 
Si puedes recordar siempre el peligro cuando estás a salvo y el caos en tiempos de orden, 
permanece atento al peligro y al caos mientras no tengan todavía forma, y evítalos antes 
de que se presenten; ésta es la mejor estrategia de todas. 
Por esto, existen cinco rasgos que son peligrosos en los generales. Los que están 
dispuestos a morir, pueden perder la vida; los que quieren preservar la vida, pueden ser 
hechos prisioneros; los que son dados a los apasionamientos irracionales, pueden ser 
ridiculizados; los que son muy puritanos, pueden ser deshonrados; los que son 
compasivos, pueden ser turbados. 
Si te presentas en un lugar que con toda seguridad los enemigos se precipitarán a 
defender, las personas compasivas se apresurarán invariablemente a rescatar a sus 
habitantes, causándose a sí mismos problemas y cansancio. 
Estos son cinco rasgos que constituyen defectos en los generales y que son desastrosos 
para las operaciones militares. 
Los buenos generales son de otra manera: se comprometen hasta la muerte, pero no se 
aferran a la esperanza de sobrevivir; actúan de acuerdo con los acontecimientos, en forma 
racional y realista, sin dejarse llevar por las emociones ni estar sujetos a quedar 
confundidos. Cuando ven una buena oportunidad, son como tigres, en caso contrario 
cierran sus puertas. Su acción y su no acción son cuestiones de estrategia, y no pueden ser 
complacidos ni enfadados. 
 
C A P I T U L O IX 
Sobre la distribución de los medios 

Las maniobras militares son el resultado de los planes y las estrategias en la manera 
más ventajosa para ganar. Determinan la movilidad y efectividad de las tropas

Si vas a colocar tu ejército en posición de observar al enemigo, atraviesa rápido las 
montañas y vigílalos desde un valle. 
Considera el efecto de la luz y manténte en la posición más elevada del valle. Cuando 
combatas en una montaña, ataca desde arriba hacia abajo y no al revés. 
Combate estando cuesta abajo y nunca cuesta arriba. Evita que el agua divida tus fuerzas, 
aléjate de las condiciones desfavorables lo antes que te sea posible. No te enfrentes a los 
enemigos dentro del agua; es conveniente dejar que pasen la mitad de sus tropas y en ese 
momento dividirlas y atacarlas. 
No te sitúes río abajo. No camines en contra de la corriente, ni en contra del viento. 
Si acampas en la ribera de un río, tus ejércitos pueden ser sorprendidos de noche, 
empujados a ahogarse o se les puede colocar veneno en la corriente. Tus barcas no deben 
ser amarradas corriente abajo, para impedir que el enemigo aproveche la corriente 
lanzando sus barcas contra ti. Si atraviesas pantanos, hazlo rápidamente. Si te encuentras 
frente a un ejército en media de un pantano, permanece cerca de sus plantas acuáticas o 
respaldado por los árboles. 
En una llanura, toma posiciones desde las que sea fácil maniobrar, manteniendo las 
elevaciones del terreno detrás y a tu derecha, estando las partes más bajas delante y las 
más altos detrás. 
Generalmente, un ejército prefiere un terreno elevado y evita un terreno bajo, aprecia la 
luz y detesta la oscuridad. 
Los terrenos elevados son estimulantes, y por lo tanto, la gente se halla a gusto en ellos, 
además son convenientes para adquirir la fuerza del ímpetu. Los terrenos bajos son 
húmedos, lo cual provoca enfermedades y dificulta el combate. 
Cuida de la salud física de tus soldados con los mejores recursos disponibles. 
Cuando no existe la enfermedad en un ejército, se dice que éste es invencible. 
Donde haya montículos y terraplenes, sitúate en su lado soleado, manteniéndolos siempre 
a tu derecha y detrás. 
Colocarse en la mejor parte del terreno es ventajoso para una fuerza militar. 
La ventaja en una operación militar consiste en aprovecharse de todos los factores 
beneficiosos del terreno. 
Cuando llueve río arriba y la corriente trae consigo la espuma, si quieres cruzarlo, espera 
a que escampe. 
Siempre que un terreno presente barrancos infranqueables, lugares cerrados, trampas, 
riesgos, grietas y prisiones naturales, debes abandonarlo rápidamente y no acercarte a él. 
En lo que a mí concierne, siempre me mantengo alejado de estos accidentes del terreno, 
de manera que los adversarios estén más cerca que yo de ellos; doy la cara a estos 
accidentes, de manera que queden a espaldas del enemigo. 
Entonces estás en situación ventajosa, y él tiene condiciones desfavorables. 
Cuando un ejército se está desplazando, si atraviesa territorios montañosos con muchas 
corrientes de agua y pozos, o pantanos cubiertos de juncos, o bosques vírgenes llenos de 
árboles y vegetación, es imprescindible escudriñarlos totalmente y con cuidado, ya que 
estos lugares ayudan a las emboscadas y a los espías. 
Es esencial bajar del caballo y escudriñar el terreno, por si existen tropas escondidas para 
tenderte una emboscada. También podría ser que hubiera espías al acecho observándote y 
escuchando tus instrucciones y movimientos. 
Cuando el enemigo está cerca, pero permanece en calma, quiere decir que se halla en una 
posición fuerte. Cuando está lejos pero intenta provocar hostilidades, quiere que avances. 
Si, además, su posición es accesible, eso quiere decir que le es favorable. 
Si un adversario no conserva la posición que le es favorable por las condiciones del 
terreno y se sitúa en otro lugar conveniente, debe ser porque existe alguna ventaja táctica 
para obrar de esta manera. 
Si se mueven los árboles, es que el enemigo se está acercando. Si hay obstáculos entre los 
matorrales, es que has tomado un mal camino. 
La idea de poner muchos obstáculos entre la maleza es hacerte pensar que existen tropas 
emboscadas escondidas en medio de ella. 
Si los pájaros alzan el vuelo, hay tropas emboscadas en el lugar. Si los animales están 
asustados, existen tropas atacantes. Si se elevan columnas de polvo altas y espesas, hay 
carros que se están acercando; si son bajas y anchas, se acercan soldados a pie. 
Humaredas esparcidas significan que se está cortando leña. Pequeñas polvaredas que van 
y vienen indican que hay que levantar el campamento. 
Si los emisarios del enemigo pronuncian palabras humildes mientras que éste 
incrementa sus preparativos de guerra, esto quiere decir que va a avanzar. Cuando 
se pronuncian palabras altisonantes y se avanza ostentosamente, es señal de que el 
enemigo se va a retira
r. 
Si sus emisarios vienen con palabras humildes, envía espías para observar al enemigo y 
comprobarás que está aumentando sus preparativos de guerra. 
Cuando los carros ligeros salen en primer lugar y se sitúan en los flancos, están 
estableciendo un frente de batalla. 
Si los emisarios llegan pidiendo la paz sin firmar un tratado, significa que están tramando 
algún complot. 
Si el enemigo dispone rápidamente a sus carros en filas de combate, es que está 
esperando refuerzos. 
No se precipitarán para un encuentro ordinario si no entienden que les ayudará, o debe 
haber una fuerza que se halla a distancia y que es esperada en un determinado momento 
para unir sus tropas y atacarte. Conviene anticipar, prepararse inmediatamente para esta 
eventualidad. 
Si la mitad de sus tropas avanza y la otra mitad retrocede, es que el enemigo piensa 
atraerte a una trampa. 
El enemigo está fingiendo en este caso confusión y desorden para incitarte a que avances. 
Si los soldados enemigos se apoyan unos en otros, es que están hambrientos. 
Si los aguadores beben en primer lugar, es que las tropas están sedientas. 
Si el enemigo ve una ventaja pero no la aprovecha, es que está cansado. 
Si los pájaros se reúnen en el campo enemigo, es que el lugar está vacío. 
Si hay pájaros sobrevolando una ciudad, el ejército ha huido. 
Si se producen llamadas nocturnas, es que los soldados enemigos están atemorizados. 
Tienen miedo y están inquietos, y por eso se llaman unos a otros. 
Si el ejército no tiene disciplina, esto quiere decir que el general no es tomado en serio. 
Si los estandartes se mueven, es que está sumido en la confusión. 
Las señales se utilizan para unificar el grupo; así pues, si se desplaza de acá para allá sin 
orden ni concierto, significa que sus filas están confusas. 
Si sus emisarios muestran irritación, significa que están cansados. 
Si matan sus caballos para obtener carne, es que los soldados carecen de alimentos; 
cuando no tienen marmitas y no vuelven a su campamento, son enemigos completamente 
desesperados. 
Si se producen murmuraciones, faltas de disciplina y los soldados hablan mucho entre sí, 
quiere decir que se ha perdido la lealtad de la tropa. 
Las murmuraciones describen la expresión de los verdaderos sentimientos; las faltas de 
disciplina indican problemas con los superiores. Cuando el mando ha perdido la lealtad 
de las tropas, los soldados se hablan con franqueza entre sí sobre los problemas con sus 
superiores. 
Si se otorgan numerosas recompensas, es que el enemigo se halla en un callejón sin 
salida; cuando se ordenan demasiados castigos, es que el enemigo está desesperado. 
Cuando la fuerza de su ímpetu está agotada, otorgan constantes recompensas para tener 
contentos a los soldados, para evitar que se rebelen en masa. Cuando los soldados están 
tan agotados que no pueden cumplir las órdenes, son castigados una y otra vez para 
restablecer la autoridad. 
Ser violento al principio y terminar después temiendo a los propios soldados es el colmo 
de la ineptitud. 
Los emisarios que acuden con actitud conciliatoria indican que el enemigo quiere una 
tregua. 
Si las tropas enemigas se enfrentan a ti con ardor, pero demoran el momento de entrar en 
combate sin abandonar no obstante el terreno, has de observarlos cuidadosamente. 
Están preparando un ataque por sorpresa. 
En asuntos militares, no es necesariamente más beneficioso ser superior en fuerzas, sólo 
evitar actuar con violencia innecesaria; es suficiente con consolidar tu poder, hacer 
estimaciones sobre el enemigo y conseguir reunir tropas; eso es todo. 
El enemigo que actúa aisladamente, que carece de estrategia y que toma a la ligera a 
sus adversarios, inevitablemente acabará siendo derrotado

Si tu plan no contiene una estrategia de retirada o posterior al ataque, sino que confías 
exclusivamente en la fuerza de tus soldados, y tomas a la ligera a tus adversarios sin 
valorar su condición, con toda seguridad caerás prisionero. 
Si se castiga a los soldados antes de haber conseguido que sean leales al mando, no 
obedecerán, y si no obedecen, serán difíciles de emplear. 
Tampoco podrán ser empleados si no se lleva a cabo ningún castigo, incluso después de 
haber obtenido su lealtad. 
Cuando existe un sentimiento subterráneo de aprecio y confianza, y los corazones de los 
soldados están ya vinculados al mando, si se relaja la disciplina, los soldados se volverán 
arrogantes y será imposible emplearlos. 
Por lo tanto, dirígelos mediante el arte civilizado y unifícalos mediante las artes 
marciales; esto significa una victoria continua. 
Arte civilizado significa humanidad, y artes marciales significan reglamentos. Mándalos 
con humanidad y benevolencia, unifícalos de manera estricta y firme. Cuando la 
benevolencia y la firmeza son evidentes, es posible estar seguro de la victoria. 
Cuando las órdenes se dan de manera clara, sencilla y consecuente a las tropas, éstas 
las aceptan. Cuando las órdenes son confusas, contradictorias y cambiantes las 
tropas no las aceptan o no las entienden. 
Cuando las órdenes son razonables, justas, sencillas, claras y consecuentes, existe 
una satisfacción recíproca entre el líder y el grupo

 
C A P I T U L O X 

Sobre la topología 

Algunos terrenos son fáciles, otros difíciles, algunos neutros, otros estrechos
accidentados o abiertos

Cuando el terreno sea accesible, sé el primero en establecer tu posición, eligiendo las 
alturas soleadas; una posición que sea adecuada para transportar los suministros; así 
tendrás ventaja cuando libres la batalla. 

Cuando estés en un terreno difícil de salir, estás limitado. En este terreno, si tu enemigo 
no está preparado, puedes vencer si sigues adelante, pero si el enemigo está preparado y 
sigues adelante, tendrás muchas dificultades para volver de nuevo a él, lo cual jugará en 
contra tuya. 

Cuando es un terreno desfavorable para ambos bandos, se dice que es un terreno neutro
En un terreno neutro, incluso si el adversario te ofrece una ventaja, no te aproveches de 
ella: retírate, induciendo a salir a la mitad de las tropas enemigas, y entonces cae sobre él 
aprovechándote de esta condición favorable. 

En un terreno estrecho, si eres el primero en llegar, debes ocuparlo totalmente y esperar 
al adversario. Si él llega antes, no lo persigas si bloquea los desfiladeros. Persíguelo sólo 
si no los bloquea. 
En terreno accidentado, si eres el primero en llegar, debes ocupar sus puntos altos y 
soleados y esperar al adversario. Si éste los ha ocupado antes, retírate y no lo persigas. 
En un terreno abierto, la fuerza del ímpetu se encuentra igualada, y es difícil provocarle 
a combatir de manera desventajosa para él. 

Entender estas seis clases de terreno es la responsabilidad principal del general, y es 
imprescindible considerarlos. 
Éstas son las configuraciones del terreno; los generales que las ignoran salen derrotados. 
Así pues, entre las tropas están las que huyen, la que se retraen, las que se derrumban, las 
que se rebelan y las que son derrotadas. Ninguna de estas circunstancias constituyen 
desastres naturales, sino que son debidas a los errores de los generales. 
Las tropas que tienen el mismo ímpetu, pero que atacan en proporción de uno contra diez, 
salen derrotadas. Los que tienen tropas fuertes pero cuyos oficiales son débiles, quedan 
retraídos. 
Los que tienen soldados débiles al mando de oficiales fuertes, se verán en apuros. Cuando 
los oficiales superiores están encolerizados y son violentos, y se enfrentan al enemigo por 
su cuenta y por despecho, y cuando los generales ignoran sus capacidades, el ejército se 
desmoronará. 
Como norma general, para poder vencer al enemigo, todo el mando militar debe tener una 
sola intención y todas las fuerzas militares deben cooperar. 
Cuando los generales son débiles y carecen de autoridad, cuando las órdenes no son 
claras, cuando oficiales y soldados no tienen solidez y las formaciones son anárquicas, se 
produce revuelta. 
Los generales que son derrotados son aquellos que son incapaces de calibrar a los 
adversarios, entran en combate con fuerzas superiores en número o mejor equipadas, y no 
seleccionan a sus tropas según los niveles de preparación de las mismas. 
Si empleas soldados sin seleccionar a los preparados de los no preparados, a los arrojados 
y a los timoratos, te estás buscando tu propia derrota. 
Estas son las seis maneras de ser derrotado. La comprensión de estas situaciones es la 
responsabilidad suprema de los generales y deben ser consideradas. 
La primera es no calibrar el número de fuerzas; la segunda, la ausencia de un sistema 
claro de recompensas y castigos; la tercera, la insuficiencia de entrenamiento; la cuarta 
es la pasión irracional; la quinta es la ineficacia de la ley del orden; y la sexta es el fallo 
de no seleccionar a los soldados fuertes y resueltos. 
La configuración del terreno puede ser un apoyo para el ejército; para los jefes militares, 
el curso de la acción adecuada es calibrar al adversario para asegurar la victoria y calcular 
los riesgos y las distancias. Salen vencedores los que libran batallas conociendo estos 
elementos; salen derrotados los que luchan ignorándolos. 

Por lo tanto, cuando las leyes de la guerra señalan una victoria segura es claramente 
apropiado entablar batalla, incluso si el gobierno ha dada órdenes de no atacar
Si 
las leyes de la guerra no indican una victoria segura, es adecuado no entrar en 
batalla, aunque el gobierno haya dada la orden de atacar
. De este modo se avanza sin 
pretender la gloria, se ordena la retirada sin evitar la responsabilidad, con el único 
propósito de proteger a la población y en beneficio también del gobierno; así se rinde un 
servicio valioso a la nación. 
Avanzar y retirarse en contra de las órdenes del gobierno no se hace por interés personal, 
sino para salvaguardar las vidas de la población y en auténtico beneficio del gobierno. 
Servidores de esta talla son muy útiles para un pueblo. 
Mira por tus soldados como miras por un recién nacido; así estarán dispuestos a seguirte 
hasta los valles más profundos; cuida de tus soldados como cuidas de tus queridos hijos, 
y morirán gustosamente contigo. 
Pero si eres tan amable con ellos que no los puedes utilizar, si eres tan indulgente que no 
les puedes dar órdenes, tan informal que no puedes disciplinarlos, tus soldados serán 
como niños mimados y, por lo tanto, inservibles. 
Las recompensas no deben utilizarse solas, ni debe confiarse solamente en los castigos. 
En caso contrario, las tropas, como niños mimosos, se acostumbran a disfrutar o a quedar 
resentidas por todo. Esto es dañino y los vuelve inservibles. 
Si sabes que tus soldados son capaces de atacar, pero ignoras si el enemigo es 
invulnerable a un ataque, tienes sólo la mitad de posibilidades de ganar. Si sabes que tu 
enemigo es vulnerable a un ataque, pero ignoras si tus soldados son capaces de atacar, 
sólo tienes la mitad de posibilidades de ganar. Si sabes que el enemigo es vulnerable a un 
ataque, y tus soldados pueden llevarlo a cabo, pero ignoras si la condición del terreno es 
favorable para la batalla, tienes la mitad de probabilidades de vencer. 
Por lo tanto, los que conocen las artes marciales no pierden el tiempo cuando efectúan sus 
movimientos, ni se agotan cuando atacan. Debido a esto se dice que cuando te conoces a 
ti mismo y conoces a los demás, la victoria no es un peligro; cuando conoces el cielo y la 
tierra, la victoria es inagotable. 
 
C A P I T U L O XI 

Sobre las nueve clases de terreno 

Conforme a las leyes de las operaciones militares, existen nueve clases de terreno. Si 
intereses locales luchan entre sí en su propio territorio, a éste se le llama terreno de 
dispersión.
 
Cuando los soldados están apegados a su casa y combaten cerca de su hogar, pueden ser 
dispersados con facilidad. 
Cuando penetras en un territorio ajeno, pero no lo haces en profundidad, a éste se le llama 
territorio ligero
Esto significa que los soldados pueden regresar fácilmente. 
El territorio que puede resultarte ventajoso si lo tomas, y ventajoso al enemigo si es él 
quien lo conquista, se llama terreno clave
Un terreno de lucha inevitable es cualquier enclave defensivo o paso estratégico. 
Un territorio igualmente accesible para ti y para los demás se llama terreno de 
comunicación

El territorio que está rodeado por tres territorios rivales y es el primero en proporcionar 
libre acceso a él a todo el mundo se llama terreno de intersección
El terreno de intersección es aquel en el que convergen las principales vías de 
comunicación uniéndolas entre sí: sé el primero en ocuparlo, y la gente tendrá que 
ponerse de tu lado. Si lo obtienes, te encuentras seguro; si lo pierdes, corres peligro. 
Cuando penetras en profundidad en un territorio ajeno, y dejas detrás muchas ciudades y 
pueblos, a este terreno se le llama difícil
Es un terreno del que es difícil regresar. 
Cuando atraviesas montañas boscosas, desfiladeros abruptos u otros accidentes difíciles 
de atravesar, a esto se le llama terreno desfavorable
Cuando el acceso es estrecho y la salida es tortuosa, de manera que una pequeña unidad 
enemiga puede atacarte, aunque tus tropas sean más numerosas, a éste se le llama terreno 
cercado

Si eres capaz de una gran adaptación, puedes atravesar este territorio. 
Si sólo puedes sobrevivir en un territorio luchando con rapidez, y si es fácil morir si no lo 
haces, a éste se le llama terreno mortal
Las tropas que se encuentran en un terreno mortal están en la misma situación que si se 
encontraran en una barca que se hunde o en una casa ardiendo. 
Así pues, no combatas en un terreno de dispersión, no te detengas en un terreno ligero, no 
ataques en un terreno clave (ocupado por el enemigo), no dejes que tus tropas sean 
divididas en un terreno de comunicación. En terrenos de intersección, establece 
comunicaciones; en terrenos difíciles, entra aprovisionado; en terrenos desfavorables, 
continúa marchando; en terrenos cercados, haz planes; en terrenos mortales, lucha. 
En un terreno de dispersión, los soldados pueden huir. Un terreno ligero es cuando los 
soldados han penetrado en territorio enemigo, pero todavía no tienen las espaldas 
cubiertas: por eso, sus mentes no están realmente concentradas y no están listos para la 
batalla. No es ventajoso atacar al enemigo en un terreno clave; lo que es ventajoso es 
llegar el primero a él. No debe permitirse que quede aislado el terreno de comunicación, 
para poder servirse de las rutas de suministros. En terrenos de intersección, estarás a 
salvo si estableces alianzas; si las pierdes, te encontrarás en peligro. En terrenos difíciles, 
entrar aprovisionado significa reunir todo lo necesario para estar allí mucho tiempo. En 
terrenos desfavorables, ya que no puedes atrincherarte en ello, debes apresurarte a salir. 
En terrenos cercados, introduce tácticas sorpresivas. 
Si las tropas caen en un terreno mortal, todo el mundo luchará de manera espontánea. Por 
esto se dice: "Sitúa a las tropas en un terreno mortal y sobrevivirán." 
Los que eran antes considerados como expertos en el arte de la guerra eran capaces de 
hacer que el enemigo perdiera contacto entre su vanguardia y su retaguardia, la confianza 
entre las grandes y las pequeñas unidades, el interés recíproco par el bienestar de los 
diferentes rangos, el apoyo mutuo entre gobernantes y gobernados, el alistamiento de 
soldados y la coherencia de sus ejércitos. Estos expertos entraban en acción cuando les 
era ventajoso, y se retenían en caso contrario. 
Introducían cambios para confundir al enemigo, atacándolos aquí y allá, aterrorizándolos 
y sembrando en ellos la confusión, de tal manera que no les daban tiempo para hacer 
planes. 
Se podría preguntar cómo enfrentarse a fuerzas enemigas numerosas y bien organizadas 
que se dirigen hacia ti. La respuesta es quitarles en primer lugar algo que aprecien, y 
después te escucharán. 
La rapidez de acción es el factor esencial de la condición de la fuerza militar, 
aprovechándose de los errores de los adversarios, desplazándose por caminos que no 
esperan y atacando cuando no están en guardia. 
Esto significa que para aprovecharse de la falta de preparación, de visión y de cautela de 
los adversarios, es necesario actuar con rapidez, y que si dudas, esos errores no te 
servirán de nada. 
En una invasión, por regla general, cuanto más se adentran los invasores en el territorio 
ajeno, más fuertes se hacen, hasta el punto de que el gobierno nativo no puede ya 
expulsarlos. 
Escoge campos fértiles, y las tropas tendrán suficiente para comer. Cuida de su salud y 
evita el cansancio, consolida su energía, aumenta su fuerza. Que los movimientos de tus 
tropas y la preparación de tus planes sean insondables

Consolida la energía más entusiasta de tus tropas, ahorra las fuerzas sobrantes, mantén en 
secreto tus formaciones y tus planes, permaneciendo insondable para los enemigos, y 
espera a que se produzca un punto vulnerable para avanzar. 
Sitúa a tus tropas en un punto que no tenga salida, de manera que tengan que morir antes 
de poder escapar. Porque, ¿ante la posibilidad de la muerte, qué no estarán dispuestas a 
hacer? Los guerreros dan entonces lo mejor de sus fuerzas. Cuando se hallan ante un 
grave peligro, pierden el miedo. Cuando no hay ningún sitio a donde ir, permanecen 
firmes; cuando están totalmente implicados en un terreno, se aferran a él. Si no tienen 
otra opción, lucharán hasta el final

Por esta razón, los soldados están vigilantes sin tener que ser estimulados, se alistan sin 
tener que ser llamados a filas, son amistosos sin necesidad de promesas, y se puede 
confiar en ellos sin necesidad de órdenes. 
Esto significa que cuando los combatientes se encuentran en peligro de muerte, sea cual 
sea su rango, todos tienen el mismo objetivo, y, por lo tanto, están alerta sin necesidad de 
ser estimulados, tienen buena voluntad de manera espontánea y sin necesidad de recibir 
órdenes, y puede confiarse de manera natural en ellos sin promesas ni necesidad de 
jerarquía. 
Prohibe los augurios para evitar las dudas, y los soldados nunca te abandonarán. Si tus 
soldados no tienen riquezas, no es porque las desdeñen. Si no tienen más longevidad, no 
es porque no quieran vivir más tiempo. El día en que se da la orden de marcha, los 
soldados lloran. 
Así pues, una operación militar preparada con pericia debe ser como una serpiente veloz 
que contraataca con su cola cuando alguien le ataca por la cabeza, contraataca con la 
cabeza cuando alguien le ataca por la cola y contraataca con cabeza y cola, cuando 
alguien le ataca por el medio. 
Esta imagen representa el método de una línea de batalla que responde velozmente 
cuando es atacada. Un manual de ocho formaciones clásicas de batalla dice: "Haz del 
frente la retaguardia, haz de la retaguardia el frente, con cuatro cabezas y ocho colas. Haz 
que la cabeza esté en todas partes, y cuando el enemigo arremeta por el centro, cabeza y 
cola acudirán al rescate." 
Puede preguntarse la cuestión de si es posible hacer que una fuerza militar sea como una 
serpiente rápida. La respuesta es afirmativa. Incluso las personas que se tienen antipatía, 
encontrándose en el mismo barco, se ayudarán entre sí en caso de peligro de zozobrar. 
Es la fuerza de la situación la que hace que esto suceda. 
Por esto, no basta con depositar la confianza en caballos atados y ruedas fijadas. 
Se atan los caballos para formar una línea de combate estable, y se fijan las ruedas para 
hacer que los carros no se puedan mover. Pero aun así, esto no es suficientemente seguro 
ni se puede confiar en ello. Es necesario permitir que haya variantes a los cambios que se 
hacen, poniendo a los soldados en situaciones mortales, de manera que combatan de 
forma espontánea y se ayuden unos a otros codo con codo: éste es el camino de la 
seguridad y de la obtención de una victoria cierta. 
La mejor organización es hacer que se exprese el valor y mantenerlo constante. Tener 
éxito tanto con tropas débiles como con tropas aguerridas se basa en la configuración de 
las circunstancias. 
Si obtienes la ventaja del terreno, puedes vencer a los adversarios, incluso con tropas 
ligeras y débiles; ¿cuánto más te sería posible si tienes tropas poderosas y aguerridas? Lo 
que hace posible la victoria a ambas clases de tropas es las circunstancias del terreno. 
Por lo tanto, los expertos en operaciones militares logran la cooperación de la tropa, de 
tal manera que dirigir un grupo es como dirigir a un solo individuo que no tiene más que 
una sola opción. 
Corresponde al general ser tranquilo, reservado, justo y metódico
Sus planes son tranquilos y absolutamente secretos para que nadie pueda descubrirlos. Su 
mando es justo y metódico, así que nadie se atreve a tomarlo a la ligera. 
Puede mantener a sus soldados sin información y en completa ignorancia de sus planes. 
Cambia sus acciones y revisa sus planes, de manera que nadie pueda reconocerlos. 
Cambia de lugar su emplazamiento y se desplaza por caminos sinuosos, de manera que 
nadie pueda anticiparse. 
Puedes ganar cuando nadie puede entender en ningún momento cuáles son tus 
intenciones. 
Dice un Gran Hombre: "El principal engaño que se valora en las operaciones militares no 
se dirige sólo a los enemigos, sino que empieza por las propias tropas, para hacer que le 
sigan a uno sin saber adónde van." Cuando un general fija una meta a sus tropas, es como 
el que sube a un lugar elevado y después retira la escalera. Cuando un general se adentra 
muy en el interior del territorio enemigo, está poniendo a prueba todo su potencial. 
Ha hecho quemar las naves a sus tropas y destruir sus casas; así las conduce como un 
rebaño y todos ignoran hacia dónde se encaminan. 
Incumbe a los generales reunir a los ejércitos y ponerlos en situaciones peligrosas. 
También han de examinar las adaptaciones a los diferentes terrenos, las ventajas de 
concentrarse o dispersarse, y las pautas de los sentimientos y situaciones humanas. 
Cuando se habla de ventajas y de desventajas de la concentración y de la dispersión, 
quiere decir que las pautas de los comportamientos humanos cambian según los 
diferentes tipos de terreno. 
En general, la pauta general de los invasores es unirse cuando están en el corazón del 
territorio enemigo, pero tienden a dispersarse cuando están en las franjas fronterizas. 
Cuando dejas tu territorio y atraviesas la frontera en una operación militar, te hallas en un 
terreno aislado. 
Cuando es accesible desde todos los puntos, es un terreno de comunicación. 
Cuando te adentras en profundidad, estás en un terreno difícil. Cuando penetras poco, 
estás en un terreno ligero. 
Cuando a tus espaldas se hallen espesuras infranqueables y delante pasajes estrechos, 
estás en un terreno cercado. 
Cuando no haya ningún sitio a donde ir, se trata de un terreno mortal. 
Así pues, en un terreno de dispersión, yo unificaría las mentes de los soldados. En un 
terreno ligero, las mantendría en contacto. En un terreno clave, les haría apresurarse para 
tomarlo. En un terreno de intersección, prestaría atención a la defensa. En un terreno de 
comunicación, establecería sólidas alianzas. En un terreno difícil, aseguraría suministros 
continuados. En un terreno desfavorable, urgiría a mis tropas a salir rápidamente de él. 
En un terreno cercado, cerraría las entradas. En un terreno mortal, indicaría a mis tropas 
que no existe ninguna posibilidad de sobrevivir. 
Por esto, la psicología de los soldados consiste en resistir cuando se ven rodeados, 
luchar cuando no se puede evitar, y obedecer en casos extremos

Hasta que los soldados no se ven rodeados, no tienen la determinación de resistir al 
enemigo hasta alcanzar la victoria. Cuando están desesperados, presentan una defensa 
unificada. 
Por ello, los que ignoran los planes enemigos no pueden preparar alianzas. 
Los que ignoran las circunstancias del terreno no pueden hacer maniobrar a sus fuerzas. 
Los que no utilizan guías locales no pueden aprovecharse del terreno. Los militares de un 
gobierno eficaz deben conocer todos estos factores. 
Cuando el ejército de un gobierno eficaz ataca a un gran territorio, el pueblo no se puede 
unir. Cuando su poder sobrepasa a los adversarios, es imposible hacer alianzas. 
Si puedes averiguar los planes de tus adversarios, aprovéchate del terreno y haz 
maniobrar al enemigo de manera que se encuentre indefenso; en este caso, ni siquiera un 
gran territorio puede reunir suficientes tropas para detenerte. 
Por lo tanto, si no luchas por obtener alianzas, ni aumentas el poder de ningún país, pero 
extiendes tu influencia personal amenazando a los adversarios, todo ello hace que el país 
y las ciudades enemigas sean vulnerables. 
Otorga recompensas que no estén reguladas y da órdenes desacostumbradas. 
Considera la ventaja de otorgar recompensas que no tengan precedentes, observa cómo el 
enemigo hace promesas sin tener en cuenta los códigos establecidos. 
Maneja las tropas como si fueran una sola persona. Empléalas en tareas reales, pero no 
les hables. Motívalas con recompensas, pero no les comentes los perjuicios posibles. 
Emplea a tus soldados sólo en combatir, sin comunicarles tu estrategia. Déjales conocer 
los beneficios que les esperan, pero no les hables de los daños potenciales. Si la verdad se 
filtra, tu estrategia puede hundirse. Si los soldados empiezan a preocuparse, se volverán 
vacilantes y temerosos. 
Colócalos en una situación de posible exterminio, y entonces lucharán para vivir. Ponles 
en peligro de muerte, y entonces sobrevivirán. Cuando las tropas afrontan peligros, son 
capaces de luchar para obtener la victoria. 
Así pues, la tarea de una operación militar es fingir acomodarse a las intenciones del 
enemigo. Si te concentras totalmente en éste, puedes matar a su general aunque estés a 
kilómetros de distancia. A esto se llama cumplir el objetivo con pericia. 
Al principio te acomodas a sus intenciones, después matas a sus generales: ésta es la 
pericia en el cumplimiento del objetivo. 
Así, el día en que se declara la guerra, se cierran las fronteras, se rompen los 
salvoconductos y se impide el paso de emisarios. 
Los asuntos se deciden rigurosamente desde que se comienza a planificar y establecer la 
estrategia desde la casa o cuartel general. 
El rigor en los cuarteles generales en la fase de planificación se refiere al mantenimiento 
del secreto. 
Cuando el enemigo ofrece oportunidades, aprovéchalas inmediatamente. 
Entérate primero de lo que pretende, y después anticípate a él. Mantén la disciplina y 
adáptate al enemigo, para determinar el resultado de la guerra. Así, al principio eres como 
una doncella y el enemigo abre sus puertas; entonces, tú eres como una liebre suelta, y el 
enemigo no podrá expulsarte. 
 
C A P I T U L O XII 

Sobre el arte de atacar por el fuego
 

Existen cinco clases de ataques mediante el fuego: quemar a las personas, quemar los 
suministros, quemar el equipo, quemar los almacenes y quemar las armas
El uso del fuego tiene que tener una base, y exige ciertos medios. Existen momentos 
adecuados para encender fuegos, concretamente cuando el tiempo es seco y ventoso. 
Normalmente, en ataques mediante el fuego es imprescindible seguir los cambios 
producidos por éste. Cuando el fuego está dentro del campamento enemigo, prepárate 
rápidamente desde fuera. Si los soldados se mantienen en calma cuando el fuego se ha 
declarado, espera y no ataques. Cuando el fuego alcance su punto álgido, síguelo, si 
puedes; si no, espera. 
En general, el fuego se utiliza para sembrar la confusión en el enemigo y así poder 
atacarle. 
Cuando el fuego puede ser prendido en campo abierto, no esperes a hacerlo en su interior; 
hazlo cuando sea oportuno. 
Cuando el fuego sea atizado par el viento, no ataques en dirección contraria a éste. 
No es eficaz luchar contra el ímpetu del fuego, porque el enemigo luchará en este caso 
hasta la muerte. 
Si ha soplado el viento durante el día, a la noche amainará. 
Un viento diurno cesará al anochecer; un viento nocturno cesará al amanecer. 
Los ejércitos han de saber que existen variantes de las cinco clases de ataques mediante el 
fuego, y adaptarse a éstas de manera racional. 
No basta saber cómo atacar a los demás con el fuego, es necesario saber cómo impedir 
que los demás te ataquen a ti

Así pues, la utilización del fuego para apoyar un ataque significa claridad, y la utilización 
del agua para apoyar un ataque significa fuerza. El agua puede incomunicar, pero no 
puede arrasar. 
El agua puede utilizarse para dividir a un ejército enemigo, de manera que su fuerza se 
desuna y la tuya se fortalezca. 
Ganar combatiendo o llevar a cabo un asedio victorioso sin recompensar a los que han 
hecho méritos trae mala fortuna y se hace merecedor de ser llamado avaro. Por eso se 
dice que un gobierno esclarecido lo tiene en cuenta y que un buen mando militar 
recompensa el mérito. No moviliza a sus tropas cuando no hay ventajas que obtener, ni 
actúa cuando no hay nada que ganar, ni luchan cuando no existe peligro. 
Las armas son instrumentos de mal augurio, y la guerra es un asunto peligroso. Es 
indispensable impedir una derrota desastrosa, y por lo tanto, no vale la pena movilizar un 
ejército por razones insignificantes: Las armas sólo deben utilizarse cuando no existe otro 
remedio. 
Un gobierno no debe movilizar un ejército por ira, y los jefes militares no deben 
provocar la guerra por cólera

Actúa cuando sea beneficioso; en caso contrario, desiste. La ira puede convertirse en 
alegría, y la cólera puede convertirse en placer, pero un pueblo destruido no puede 
hacérsele renacer, y la muerte no puede convertirse en vida. En consecuencia, un 
gobierno esclarecido presta atención a todo esto, y un buen mando militar lo tiene en 
cuenta. Ésta es la manera de mantener a la nación a salvo y de conservar intacto a su 
ejército. 
 
C A P I T U L O XIII 

Sobre la concordia y la discordia 
Una Operación militar significa un gran esfuerzo para el pueblo, y la guerra puede durar 
muchos años para obtener una victoria de un día. Así pues, fallar en conocer la situación 
de los adversarios por economizar en aprobar gastos para investigar y estudiar a la 
oposición es extremadamente inhumano, y no es típico de un buen jefe militar, de un 
consejero de gobierno, ni de un gobernante victorioso. Por lo tanto, lo que posibilita a un 
gobierno inteligente y a un mando militar sabio vencer a los demás y lograr triunfos 
extraordinarios con esa información esencial. 
La información previa no puede obtenerse de fantasmas ni espíritus, ni se puede tener 
por analogía, ni descubrir mediante cálculos. Debe obtenerse de personas; personas que 
conozcan la situación del adversario. 
Existen cinco clases de espías: el espía nativo, el espía interno, el doble agente, el espía 
liquidable, y el espía flotante. Cuando están activos todos ellos, nadie conoce sus rutas: a 
esto se le llama genio organizativo, y se aplica al gobernante. 
Los espías nativos se contratan entre los habitantes de una localidad. Los espías internos 
se contratan entre los funcionarios enemigos. Los agentes dobles se contratan entre los 
espías enemigos. Los espías liquidables transmiten falsos datos a los espías enemigos. 
Los espías flotantes vuelven para traer sus informes. 
Entre los funcionarios del régimen enemigo, se hallan aquéllos con los que se puede 
establecer contacto y a los que se puede sobornar para averiguar la situación de su país y 
descubrir cualquier plan que se trame contra ti, también pueden ser utilizados para crear 
desavenencias y desarmonía. 
En consecuencia, nadie en las fuerzas armadas es tratado con tanta familiaridad como los 
espías, ni a nadie se le otorgan recompensas tan grandes como a ellos, ni hay asunto más 
secreto que el espionaje. 
Si no se trata bien a los espías, pueden convertirse en renegados y trabajar para el 
enemigo. 
No se pueden utilizar a los espías sin sagacidad y conocimiento; no puede uno servirse de 
espías sin humanidad y justicia, no se puede obtener la verdad de los espías sin sutileza. 
Ciertamente, es un asunto muy delicado. Los espías son útiles en todas partes. 
Cada asunto requiere un conocimiento previo. 
Si algún asunto de espionaje es divulgado antes de que el espía haya informado, éste y el 
que lo haya divulgado deben eliminarse. 
Siempre que quieras atacar a un ejército, asediar una ciudad o atacar a una persona, has 
de conocer previamente la identidad de los generales que la defienden, de sus aliados, sus 
visitantes, sus centinelas y de sus criados; así pues, haz que tus espías averigüen todo 
sobre ellos. 
Siempre que vayas a atacar y a combatir, debes conocer primero los talentos de los 
servidores del enemigo, y así puedes enfrentarte a ellos según sus capacidades. 
Debes buscar a agentes enemigos que hayan venido a espiarte, sobornarlos e inducirlos a 
pasarse a tu lado, para poder utilizarlos como agentes dobles. Con la información 
obtenida de esta manera, puedes encontrar espías nativos y espías internos para 
contratarlos. Con la información obtenida de éstos, puedes fabricar información falsa 
sirviéndote de espías liquidables. Con la información así obtenida, puedes hacer que los 
espías flotantes actúen según los planes previstos. 
Es esencial para un gobernante conocer las cinco clases de espionaje, y este conocimiento 
depende de los agentes dobles; así pues, éstos deben ser bien tratados. 
Así, sólo un gobernante brillante o un general sabio que pueda utilizar a los más 
inteligentes para el espionaje, puede estar seguro de la victoria. El espionaje es esencial 
para las operaciones militares
, y los ejércitos dependen de él para llevar a cabo sus 
acciones. 
No será ventajoso para el ejército actuar sin conocer la situación del enemigo, y 
conocer la situación del enemigo no es posible sin el espionaje. 
FIN 

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